DDG Vol. IV – Genética repostera

Se acerca San Juan, tiempo de cocas y de petardos. Yo soy más de lo primero, de hecho no me divierte nada tirar petardos. Y cuando digo que soy más de cocas es por una razón de peso.

Vamos a empezar por el principio. Los miércoles era día de reunión familiar para los Ros Chias. En la década de los 90 se dedicaban a la venta de bombones, chocolates, fruta confitada y otras delicatessen. Se reunía toda la familia en la pastelería que regentaba Rosó Chias en la calle Ronda Sant Antoni, en pleno centro de Barcelona.

Pastelería y vivienda a la vez desde 1936, y en sus inicios llamada Catalunya, les arrancaron uniformes y cartel en época de dictadura y hasta el resto de los días, pero no les arrancaron el alma. Antoni Ros era el encargado del obrador y aunque en un inicio elaboraban únicamente pan, con el tiempo se fueron especializando en las cocas. Y más en concreto, en las cocas de San Juan.

Las cocas de San Juan de mi abuelo, genética repostera

En el subterráneo, abandonado, se encontraba el obrador lleno de polvo y antiguas espátulas de madera. El horno quedó en desuso al morir Antoni en 1981. Antoni era un buen hombre que se dejaba la piel, la vista y el corazón en ese obrador. Amigo de sus amigos, amante de la pesca y de fumar en pipa, disfrutaba de los pequeños placeres de la vida.

Las cocas de San Juan que salían de ese sótano cogieron la fama de ser las más deliciosas de toda Barcelona. De hecho a día de hoy la gente de la época recuerda las delicias que se horneaban en aquél horno de piedra. La pena es que Antoni nos dejó demasiado pronto. Antoni era mi abuelo que, aunque no llegué a conocerlo jamás, me acompaña de una manera mágica en mis largas y solitarias jornadas decorando galletas. Mágica como la noche de San Juan. Mágica como las cocas que elaboraba con sus manos.

En 1997 Rosó, con 66 años de edad, se jubila y traspasa el local que a día de hoy es una tienda de ropa. En ese momento una servidora tiene 15 años de edad, está en plena adolescencia sin imaginar que con el doble de edad hubiera deseado recibir clases reposteras de su abuelo en ese obrador. Y menos todavía me imaginaba que me haría tan feliz trabajar como decoradora de galletas.

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¡Creo en la genética repostera!

Un comentario en “DDG Vol. IV – Genética repostera

  1. Carme Vilarrasa Vecina dijo:

    Jo encara recordo les coques i les cues immenses que fèiem, per poder gaudir d’elles.

    Continuo pensant que eren i han sigut les més bones que he tastat mai, felicitats, perquè veig que la seva néta, està intentant fer-li la competència, Et desitjo molta sort.

    Un petó a la mare

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